La designación de los nombres es tema de la “onomástica” definida como “la rama de la lexicografía dedicada al estudio del origen, forma, significado y uso de los nombres propios.”

Todos los nombres tienen un significado y por lo general los padres se inclinan por que señalan buenos augurios para el recién nacido, porque creen que de alguna manera influirán en el comportamiento o en el destino de sus hijos. Tanto llega a ser la fuerza del nombre, que uno espera que María sea una persona suave, reflexiva o sumisa mientras que Margarita debe ser extrovertida, independiente, segura de sí misma.

Antiguamente, el bebé solía recibir el nombre del santo o santa del día de su nacimiento; sin embargo en la actualidad esa tradición está un poco pasada de moda, por lo que encontrar a una “Encarnación” menor de 45 años es muy difícil. Eso sí, hasta el día de hoy, nombres como María o Carolina, entre las mujeres, y José, Luis o Juan, entre los hombres, siguen siendo muy populares en diversos países de y .

Un caso muy extraño y porque no, simpático son los nombres que la gente de la región caribeña pone desde ya hace tiempo a sus hijos. En una entrevista, un señor de esa zona declaraba que “Las personas no escogen los nombres por su significado. Nosotros respondemos más al criterio eufónico, que se escuche bonito”.

Todo el mundo ha oído el cuento de Usnavy (por US Navy), Yusleidy (US Lady), Leidysnay (del inglés “lady’s night”), Yesaidú (Yes, I do), Maiparner (My Partner). Dicen que en 2000 hubo una explosión de Yedoskas (por el Y2K – año 2000).

También se ha recurrido a invertir la letras de un nombre conocido como es el caso de Aryam, que es Mayra al revés, Nivlek (Kelvin) o Nemrac (Carmen). O nombres sin respetar la correcta como Maikel Jackson, Makgiber (McGiver), Taison. En la década de los 90, los niños se llamaban Brian, Brandon o Jonathan, debido al auge de algunas series norteamericanas. Asimismo, la tecnología y las abreviaturas del chat están tomando fuerza, por lo que hasta Yahoo o Email ya tiene un lugar en alguna aula contemporánea.

Otra particularidad es que hay muchos nombres que tradicionalmente han sido para hombres y que cada vez se ponen más a mujeres, como Merari y Nahir, así como topónimos que se popularizan como nombres propios.

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