La capacidad de formular un (escrito u oral) que sea sólido a nivel lógico no se percibe de la misma manera en todo el mundo; un hecho que torna la palabra de un traductor bastante peculiar en algunas circunstancias. De hecho, en la intersección del idioma y la cultura yacen algunos dilemas increíblemente interesantes, con respecto a que el traductor debe ser capaz de alejarse del y contemplar los constructos racionales dominantes del idioma meta.

La es la característica de la sensibilidad racional. El diccionario define la palabra de la siguiente manera convincentemente atractivo para la mente o la razón, y ofrece y como sinónimos. El problema que acucia a los traductores es el hecho de que los constructos lingüísticos que contribuyen al cumplimiento de esta función en un idioma o cultura pueden resultar abiertamente ampulosos o confusos en otro idioma o cultura, restándole valor a la contundencia del que se ha interpretado en un punto en sentido restrictivo, según el texto fuente.

Un ejemplo de este fenómeno puede encontrarse en la traducción del español al inglés. Mientras que en español es frecuente encontrar una gran cantidad de conectores, tanto en documentos formales como informales, en inglés se utilizan con mucha menos frecuencia. En consecuencia, a pesar de que palabras o frases como “luego”, “sin embargo”, “por otra parte”, etc. son sumamente frecuentes en español, su reproducción al inglés como texto meta parecería corroer la argumentación que se realiza, forzando y fragmentando más allá del reconocimiento lo que, de otra manera, sería una argumentación perfectamente comprensible y convincente.

En consecuencia, cuando los traductores desean asegurarse de que sus textos meta puedan comprenderse por la audiencia a la que van dirigidos, tienen que contemplar las variantes de lo que constituye la contundencia de cada lado de la línea divisoria lingüística y cultural que están zanjando. No hacer esto representa una negligencia grave en el cumplimiento de sus tareas.

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