El consta, generalmente, de tres pasos: traducción, edición y revisión (también llamado ). En el caso de los proyectos con más volumen de palabras, es conveniente agregar un paso más para asegurarnos de que el producto final tenga una calidad superior: el control de calidad o . En este paso, se utilizan herramientas informáticas que nos permiten, entre otras cosas, controlar la ortografía; asegurarnos de que se hayan utilizado los términos correctos; detectar inconsistencias, errores de puntuación o de formato, espacios múltiples, palabras repetidas.

La mayoría de las inconsistencias se producen cuando participan varios lingüistas en un proyecto grande con segmentos que se repiten en todo el texto. Ya sabemos que una misma oración (o incluso una misma palabra) puede tener varias traducciones diferentes. Si tenemos dos editores que trabajan al mismo tiempo en un proyecto, es probable que cada uno use una versión diferente. La persona que lleve a cabo el QA deberá encargarse de elegir la opción que le parezca más acertada para ese texto en particular y unificar todos los segmentos. Esto es esencial para lograr un producto final coherente.

También es muy importante asegurarse de que se haya usado la terminología correcta. Para ello, las herramientas de nos permiten constatar que se hayan empleado los términos de la base terminológica que corresponde al proyecto. Si bien los traductores tienen acceso a la base mientras hacen su trabajo, puede suceder que, al tratar de sortear las complejidades del texto, se pasen por alto algún término. Por eso, durante el QA, siempre debemos revisar que se haya aplicado correctamente la base terminológica.

Otro punto fundamental es hacer una revisión ortográfica y gramatical. En general, conviene pasar el texto a un archivo de MS Word y ejecutar el corrector ortográfico y gramatical de esa herramienta. Es probable que no encontremos ningún error porque el texto ya pasó por varias personas que lo revisaron minuciosamente; sin embargo, nunca está de más hacer un control adicional.

El paso de control de calidad nos permite asegurarnos de que el producto final sea coherente, consistente, sin errores de ortografía ni de formato. Un texto con esas características siempre es más fácil de leer y comprender; y, en definitiva, eso es lo que todos buscamos para nuestros textos.

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