En una tan inusual por tantos motivos, no sorprende que el papel de los extranjeros en ella haya traído aparejado cierta reprobación, lingüísticamente hablando. Y antes de que las aguas se calmen tras el escándalo del presunto plagio por parte de la esposa del candidato republicano de la actual primera dama, cuando ésta se pronunció en la Convención Demócrata de Denver en 2008, la opinión pública de Estados Unidos (y más allá, puesto que —aceptémoslo— en estas elecciones no solo está en juego el futuro de los estadounidenses) se desayunó con un nuevo festín proveniente del Partido Republicano.

La Convención Nacional Republicana cerró la semana pasada con un discurso del candidato a presidente Donald Trump, pero algunos observadores expresaron cierta perplejidad por los mal traducidos carteles que rezaban “Latinos Para Trump” en manos de algunas personas de la multitud.

No se trataba de un puñado de autoconvocados con pancartas hechas a mano, había cientos de estos carteles impresos por la propia campaña republicana.

Y, si bien el español es la segunda lengua más hablada del país, incluso entre los no hispanos, parece que algunos de los responsables de la campaña republicana faltaron a algunas clases. ¿Será así?

Ocurre que la mala prensa ha sido un muy eficaz fertilizante para la popularidad del candidato republicano. Y teniendo en cuenta Donald Trump viene del mundo de los negocios, donde la fuerza que insiste en imponer su lógica se llama mercado, no estaría de más recordar aquella máxima del que sostiene que no existe tal cosa como la mala publicidad.

Parece que quienes intentaron traducir el mensaje original (en inglés), usaron la palabra “para” en lugar de “por”. Ambas en inglés se traducen como “for”, pero son usadas con fines bien diferentes.

Si bien puede ser fácil confundir las palabras “para” y “por”, sin duda hay una amplia diferencia gramatical. Si uno quisiera manifestar apoyo por alguien a través del voto, debería usar la preposición “por”. “Para” no tiene sentido en ese contexto, a menos que desee expresar que quien sostiene el cartel trabaja para la persona aludida en el mismo, por ejemplo (una torpeza que podría resultar completamente antipática para alguien conocido no solo por contratar sino también por despedir empleados, incluso en programas de TV).

Otros pusieron en duda que las personas que sostenían las pancartas fueran en efecto hispanas. Independientemente de quién sostenía los carteles, alguien tendrá que revisar sus apuntes de español básico, volver a mandar a imprimir los carteles o ambas. Tampoco estaría de más destacar que la preposición utilizada en los carteles también corresponde a una conjugación del verbo “parar”. ¿Será esta una profecía autocumplida?

No permita que esta entrada lo convenza de que se trata de una columna de opinión sobre el Partido Republicano; en mi próxima publicación, los Demócratas recibirán su parte.

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