A pesar de que los lenguajes en código han existido desde los comienzos de la civilización para todo tipo de usos y circunstancias, hay un fenómeno del cual todavía se sabe muy poco: la (del griego “” y “habla”), también conocida como “habla gemela”. Se trata de nada menos que del lenguaje propio que desarrollan los en sus primeros años de vida, dándole la espalda por cierto tiempo al idioma de su familia y cultura.

Claro está que hay que ser gemelo para entenderlo a fondo y conocer los detalles más específicos, pero lo que se sabe a ciencia cierta es que generalmente el 50% de los gemelos desarrollan su propio idioma antes que su verdadera lengua madre, y suele ocurrir en los primeros 3 años de vida- a veces este idioma perdura un poco más y llega a niveles de complejidad admirables. Es tan fascinante como inquietante para los padres ver que sus hijos hablan en un idioma que solo ellos entienden, con vocabulario, formas y expresiones que nadie más que ellos pueden descifrar.
Algunos estudios indican que este idioma secreto puede partir de la misma distorsión de la lengua madre, aunque muchas veces no tiene ninguna relación. Además, es imposible competir con la conexión innata que tienen los gemelos, donde con un cruce de miradas ya está todo dicho y claro. Es por eso que no hay que frustrarse si no se puede lograr comunicarse con ellos con la precisión y rapidez que ellos logran. La contracara de la criptofasia es que cuando los gemelos finalmente están obligados a aprender su lengua madre e incorporarse al mundo fuera de su “club secreto”, muchas veces presentan dificultades y sobre todo necesitan más tiempo de lo normal para hacerlo. Muchos conservan un leve acento cuasi extranjero el resto de sus vidas.

Los que estudian este tema creen que esta creación “artificial” de un idioma es como han nacido las distintas lenguas a lo largo de la historia, empezando por simples palabras hasta llegar a estructuras y gramática que se van desarrollando mientras se sigue expandiendo entre grupos de personas y generaciones.

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