En muchas ocasiones llega a nuestras manos una cuyo tema no conocemos en detalle. ¿Qué hacemos? Tenemos diferentes posibilidades:

Si consideramos que la y contenido de la documentación nos resultan excesivamente complejos y la extensión del texto nos implicaría una demasiado intensa, considero que la actitud más profesional es rechazar la traducción de ese texto dando las correspondientes explicaciones del caso. No tenemos que tener miedo a que determinada fuente de trabajo se agote simplemente por que una vez no aceptamos un trabajo.
En segunda instancia, si consideramos que podemos manejar el texto por que la terminología no parece tan específica o por que no es tan extenso, sugiero recurrir al camino de la investigación. Sé que la “salida fácil” sería recurrir al bilingüe, pero no debemos olvidar que estos diccionarios son sólo una ayuda, una puerta que se nos abre cuando no tenemos idea de dónde estamos parados. No hay que confiar en todo lo que un bilingüe nos dice, siempre hay que investigar un poco más.
Les recomiendo dar una leída rápida al texto para detectar algo de vocabulario complejo y, en caso de tratarse de documentación típica, como un contrato, buscar modelos por Internet. Asimismo, ya sumergidos en el proceso de traducción, me parece útil leer cada oración cuidadosamente y antes de aventurarse a una traducción espontánea, tener bien claro el sentido de aquellos términos que nos resultaron difíciles.

Al finalizar el trabajo, es esencial realizar una revisión. Debemos constatar que las oraciones tengan sentido dentro de la coherencia del párrafo y que, del mismo modo, los párrafos fluyan entre sí para dar lugar a un natural.

Por último, nunca está de más consultar a algún conocido que cuente con la sapiencia del tema en cuestión: forma parte del proceso de investigación y nos sirve para capacitarnos en forma dinámica.

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