Para el hablante incauto, las palabras pueden resultar inocuas, libres incluso de toda conexión nociva con el mundo de las drogas. Sin embargo, el más perspicaz puede —cual sabueso de paso fronterizo— detectar la presencia de sustancias comprometedoras allí donde uno menos se lo imagina.

Asesino

¿Cuántas veces hemos leído o dicho esta sin saber que su verdadero origen se remonta a la época de las cruzadas y proviene de la con la que se denomina a la resina del cáñamo?

Resulta que bajo el nombre árabe ‘ḥaššāšīn’, cuyo significado quiere decir ‘adicto al cáñamo indio/hachís’,  se conoció entre los siglos VIII y XIV a los miembros de una secta militar chiita (los nizaríes) surgida en Medio Oriente en plena época de las Cruzadas.

Según recogen múltiples crónicas, los nizaríes eran adictos al hachís (de ahí que se les aplicase el sobrenombre de ḥaššāšīn)  pero sobre todo pasaron a la historia por ocuparse de acabar con la vida de reyes, miembros religiosos, militares y políticos de la época.

El término comenzó a popularizarse como sinónimo del acto de quitar la vida a alguien, pero específicamente a personajes importantes e ilustres aunque hoy en día las se la aplica a aquel que le quita la vida a alguien, sin importar la relevancia de la víctima.

Berserk

La expresión inglesa “to go berserk” (en coloquial sería algo así como ‘enloquecer’) proviene de ‘berserker’, el nombre con el que se conocía a los antiguos bárbaros escandinavos que luchaban poseídos por una especie de trance de batalla demencial y sanguinario. Los berserker entraban en combate bajo cierto trance psicótico, casi insensibles al dolor, fuertes como osos, llegando a morder sus escudos y no había fuego ni acero que los detuviera. Su sola presencia atemorizaba a sus enemigos e incluso a sus compañeros de batalla, pues su estado de trance era tal que no podían distinguir aliados de enemigos.

Se estima que su resistencia e indiferencia al dolor provenían del consumo de hongos alucinógenos como la amanita muscaria, o por la ingesta de pan o cerveza contaminados por cornezuelo del centeno, con alto contenido en compuestos del ácido lisérgico, precursor del LSD.

“To Get Stoned”

Sería difícil estimar qué es más antiguo, si el método de ejecución conocido como ‘lapidación’ o el uso de plantas narcóticas. Lo que sí es más fácil, o al menos posible, es dar con la primera constancia del uso de la expresión en cuestión en un diccionario de inglés oral, el Hepcats jive talk dictionary de 1945. Si bien la expresión puede relacionarse con el método de ejecución, es más probable que provenga del uso que se le dio a ‘stone’ cuando se la anteponía a una condición sensorial deficiente para realzarla como ‘stone blind’ o ‘stone deaf’.

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  1. […] bien en una entrada se abordó la cuestión de los narcóticos ocultos detrás de las palabras, este ejemplo no reunió los requisitos para ser incluido en esa entrada […]