Nuestro imaginario colectivo no es muy amable con las personas que sienten pasión por la escritura. Por lo general, imaginamos a los escritores en un acantilado, desparramando melancolía por todos lados, con una rima cargada de sensiblería.

A menudo los representamos en una especie de pesadilla bohemia, en departamentos húmedos y sórdidos, inclinados sobre la máquina de escribir, despeinados, fumando cigarrillos para evitar el hambre.

Por haber estudiado la carrera de y ser lingüista profesional, me gustaría decirle al mundo que algunos de nosotros, los escritores, somos en realidad personas agradables, con sentido común, buena ética laboral y adecuada higiene personal. Y aunque no hayamos escrito la próxima Songs of Innocence o la próxima Sueño de una Noche de Verano, sí producimos una cantidad satisfactoriamente grande de texto todos los días.

La industria de la puede no ser tan glamorosa como un trabajo en la radio o en un periódico importante, pero es un lugar excelente para cualquier aspirante a escritor para perfeccionar sus habilidades de escritura. La presión de los plazos, los desafíos, tales como traducir humor y referencias culturales, las horas de escritura sostenida e incansable, nos enseña mucho más de lo que podríamos aprender con Saussure y Aristóteles. Aprendemos a tener perseverancia, tomar determinaciones y tener sentido común: todas las características de un escritor maduro y experimentado.

Por otra parte, cualquier persona con una habilidad especial para establecer significado a través de palabras debe ser capaz de hacerlo en una amplia variedad de contextos. Los traductores pueden traducir textos legales un día, material de marketing el siguiente, contenido literario otro día y así sucesivamente. Se los puede asimilar a los Beatles en Hamburgo, tocando durante ocho horas cualquier tipo de música, tales como baladas, music hall y R&B. Tener versatilidad y una amplia cultura general son cualidades invaluables para los escritores.

Lo ideal es que la escritura esté bien documentada y sea eficiente. Debe fluir libremente y sin esfuerzo de los dedos del escritor. Pero sin experiencia ni una formación sólida, como la que brinda la industria de traducción, se puede no lograr el resultado esperado.

Y la contribución de la traducción a la gran industria literaria no termina aquí. Hay mucho por descubrir en las obras de los grandes escritores que también eran grandes traductores. Jorge Luis Borges, Ezra Pound, Charles Baudelaire, para nombrar unos pocos, nos enseñan la importancia del arte y la creatividad en la traducción.

Continuará…

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