Al analizar un texto en español, sea o no una traducción, se conocen como a aquellas “correspondencias” o equivalencias lingüísticas que afectan una forma parecida al inglés o incluso usan la misma en lugar de expresar los conceptos más naturalmente. Existen de varios tipos, aunque aquí se ejemplificarán los que se producen a nivel sintáctico, es decir, que se dan cuando lo que se calca o imita es la estructura del texto.
Aunque el anglicismo siempre suele ser incorrecto, ya que se le está dando preferencia a un término o frase en inglés cuando existe su equivalente en la lengua meta, en los siguientes casos se verá que, si bien la estructura o palabra elegida es correcta, su uso no es común en español. El problema aquí radica más en su frecuencia que en la construcción en sí. Como dijimos antes, esto afecta la naturalidad y la claridad del texto para el lector, otorgándole un sabor extraño y una cierta falta de autenticidad.
El de las palabras suele verse afectado por este fenómeno. El español se caracteriza por ser bastante “libre” en cuanto a sus constituyentes sintácticos. No obstante, es común observar la repetición insistente de los sujetos pronominales (“yo”, “él”, etc.) que, mientras que en inglés son obligatorios, en español no son necesarios y muchas veces traen un matiz de énfasis y comunican pesadez al estilo. Por ejemplo, la oración I study with John because he’s my friend, se debería traducir por “Estudio con John porque es mi amigo” y no por “Yo estudio con John porque él es mi amigo”, a no ser que la intención sea la de generar algún tipo de contraste con el contexto proporcionado. Algo parecido sucede con las estructuras en , cuando esta se mantiene: si el verbo se deja al final de la oración, sobre todo cuando el sujeto es muy largo o contiene cifras y porcentajes, el estilo se ve alterado y se dificulta la comprensión. The productivity of rice lands can be raised resulta menos claro si se lo traduce por “La productividad de las tierras arroceras varía” que por “Existen variaciones en la productividad de las tierras arroceras”.
Veamos otro caso menos conocido, pero igualmente interesante. El aspecto progresivo (compuesto por el verbo “estar” más un ) en inglés puede referirse tanto al presente  (I’m doing it now) como al futuro  (I’m doing it later) y es más frecuente en esa lengua. En español, la acción durativa no se cumple de la misma manera y no puede utilizarse cuando se trata de verbos de acción momentánea o final, salvo que se trate de acciones repetidas. Por ejemplo: no sería correcto decir “Le estoy escribiendo esta carta a fin de…”, sino que debe utilizarse el presente simple (“Le escribo”). Sólo podría utilizar la modificación durativa en una oración como la siguiente: “Desde hace dos meses le estoy escribiendo para…”.
Como verán, aunque requiere más trabajo, a la hora de traducir siempre hay opciones mejores ante la reiteración de esas estructuras que, aunque en inglés son muy comunes y correctas, en español no lo son tanto porque este responde a otros patrones lingüístico-culturales.

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