Es conocida la idea de que el traductor es un lector privilegiado. Sin embargo, creo que nos podemos aventurar a sostener que, más que lector, el traductor es un escritor privilegiado.

A menos de que se recurra al calco, la tarea de realizar una buena traducción no es sencilla. ¿Ella se sentó o ella tomó asiento? ¿Dejamos el sujeto o solo escribimos se sentó? Estas son la clase de preguntas que se hacen los traductores constantemente.

Los traductores toman decisión tras decisión dentro del laberinto del lenguaje y presentan un producto final, algo suyo que moldearon palabra por palabra.

Sin embargo, a diferencia de lo que sucede con el texto original, las traducciones siempre se comparan. Y esta comparación es un peso que los traductores cargan sobre sus hombros incesantemente. Debido a esto, los traductores (además de traducir) se hacen una serie de preguntas que al escritor ni le pasan por la cabeza: ¿he reproducido fielmente la idea?, ¿he conservado el tono, la música, el estilo?, si el escritor supiera español, ¿lo habría hecho de esta forma?

Asimismo, si se encontrasen errores en el documento original, es tarea del traductor corregirlos. Aunque en el campo de la traducción no existe la solución perfecta, como puede ocurrir en las ciencias exactas, siempre se aspira a la excelencia del producto final. Incluso, entre los traductores más osados, prevalece el anhelo de superar al texto original.

Debido a todo lo anterior es que podemos afirmar que, más que traducir, los traductores reescriben. Y, en el mejor de los casos, se convierten, más bien, en escritores.


7 Comentarios » for ¿Traducir o escribir?
  1. Hay una cosa en que no estoy de acuerdo. Ningún traductor que lo sea de verdad pretenderá nunca “superar el texto original”. Eso sería un grave error y una traición al escritor traducido y, sobre todo, al lector.

    • Elena A dice:

      Muchas gracias por comentar, María Teresa. Entiendo tu posición, pero me refería más a esos casos en donde el texto original viene en sí con errores que hay que “remendar” en la traducción. O como en el marketing, en el que hay que hacer traducciones más libres que hasta puede que queden mejor en su versión traducida. Obviamente si vamos a traducir obras literarias basta con estar a la altura del original (cosa que ya de por sí es difícil). El tema de la libertad o creatividad en las traducciones da para hablar largo y tendido.
      ¡Muchos saludos!

  2. Xóchitl dice:

    Estoy totalmente de acuerdo con tu artículo; creo que describe perfectamente al traductor profesional.

  3. En nuestro afán de ser fieles al texto original, somos aún más infieles a él, por eso nos etiquetan de Traduttore, traditore. El mensaje es una cosa y el estilo es otra, es inevitable no dejar nuestra huella en el texto meta.

    Loreto Contreras A.

    • Elena A dice:

      Hola, Loreto:

      Gracias por tu comentario. Sí, es inevitable dejar una huella al traducir, ya sea una receta o un relato. Me parece interesante la idea de que “en nuestro afán de ser fieles al texto original, somo aún más infieles a él”: ¿por qué será?

      Saludos,
      Elena

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