El lenguaje es, por definición, el medio por el que los individuos se comunican. Sabemos que un lenguaje es siempre la manifestación de una forma determinada, siempre parcial, de ver la realidad que comunica. A través del idioma, podemos ver muchos elementos que caracterizan nuestra cultura. En el español, por ejemplo, se pueden encontrar algunos aspectos sexistas o no inclusivos.

En algunos casos, el género femenino de determinada palabra tiene una connotación negativa: zorra, solterona, gallina. Pero si hay un aspecto que se ha puesto en tela de juicio últimamente, es la norma por la cual se generaliza usando el masculino.

La primera vez que se intentó acuñar un género que contemplara ambos sexos fue mediante el uso de la “x” en lugar de la “o” o la “a”. Por ejemplo: “Un saludo a todxs mis amigxs”. A este recurso se le ha achacado el hecho de que, si bien podemos escribirlo, no podemos pronunciarlo. Y, siendo el español un idioma casi completamente fonético (es decir, cada letra representa un solo fonema), resulta imposible pronunciar una equis en esa posición. La misma observación se puede realizar sobre el uso del símbolo @ para incluir ambos géneros: “Un saludo a tod@s mis amig@s”.

Otro recurso que también intenta una utilización más equitativa del idioma es el llamado desdoblamiento. Por ejemplo: “Gracias a todas y a todos” o “Gracias a todas mis amigas y a todos mis amigos”. Según la RAE, esta iniciativa atenta contra la practicidad del lenguaje: resultaría fatigoso y excesivamente largo usar el método de desdoblamiento en cada oración en todo momento.

Para terminar, recientemente hemos sido testigos de otro intento de abolir el sexismo del español: el uso de la “e” para conformar de esta manera un tercer género que incluya al masculino y al femenino. Por ejemplo, podemos decir “amigues”. Así, no utilizamos letras o símbolos impronunciables y también evitamos alargar la oración.

Todos estos recursos han sido criticados hasta el hartazgo por la RAE y otros académicos. Estos cambios muchas veces representan un giro en los paradigmas preestablecidos, en el statu quo. Quién sabe, tal vez algún día, dentro de varias décadas, recibiremos un texto para traducir que incluya instancias de lenguaje inclusivo.

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