Otra cuestión importante en este ámbito es no asumir nada, y mucho menos que todos los miembros del grupo disponen de la misma información. El coordinador deberá establecer un con toda la información y analizarlo con la frecuencia necesaria a medida que se modifique o se desarrolle.

La evaluación del riesgo es otra de las tareas claves del coordinador, ya que un hecho imprevisto puede provocar un profundo impacto sobre el proyecto. No obstante, no todos los imprevistos tendrán un efecto negativo, algunos pueden ser positivos y el coordinador deberá tratar de canalizarlos por esta vía. En este sentido, la función del coordinador es tratar de contener y controlar los riesgos.

Otro gran desafío para los coordinadores son los conflictos que surjan entre los miembros del equipo (por disensos con términos, por ejemplo), o con la Gerencia (por costos, por ejemplo) o con el cliente (por adelanto del cronograma de entrega, por ejemplo). Aquí el coordinador deberá extremar sus aptitudes como negociador.

Finalmente, el coordinador intentará rescatar lecciones de aprendizaje para futuros proyectos. Una forma práctica de implementar esto es crear un proceso mediante el cual todos los miembros del equipo puedan dejar sus comentarios o sugerencias en una especie de buzón en cualquier etapa del proyecto. Finalizado el proyecto, el coordinador compilará todos los comentarios, los analizará en grupo y los aplicará en el futuro a fin de mejorar el proceso, elevar la calidad y evitar imprevistos.

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1 Comentario » for Gestión de proyectos de traducción (Segunda parte)
  1. Hola, Amelia:

    muy interesante y objetivo tú artículo. Es cierto que, en proyectos muy grandes, no queda más remedio que distribuir la traducción entre un equipo de traductores y que ello nos obliga a un gestión eficaz del proyecto. No obstante, habiendo sido uno mismo gestor de proyectos, sigo siendo reacio a dicha distribución, si no es absolutamente imperativa, por los motivos que aduzco en mi artículo Traducciones urgentes: El pez que se muerde la cola…

    Tú artículo también alude a los conflictos que se producen por el adelanto unilateral del cronograma por parte del cliente. Creo sinceramente que, una vez hechas las advertencias previas pertinentes por escrito (servidor, les daba una copia impresa de las “10 recomendaciones para conseguir una buena traducción”) y firmado el contrato, hay que sabe decir: NO

    De no ser así, correríamos el riesgo de que el cliente acabase por tomarnos como un interlocutor poco serio (o por el pito del sereno, como dirían los castellano-parlantes castizos), que puede ampliar su equipo de traductores arbitrariamente, sin detrimento de la calidad, cambiar los plazos a su antojo, todo lo cual sabemos que no se corresponde, ni de lejos, con la realidad.

    Un abrazo y muy buen fin de semana